Mons. José Ignacio Alemany

 

DOMINGO 12 DE JULIO

DOMINGO DE LA DÉCIMA QUINTA SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO – CICLO A.

«HAY QUE SEMBRAR»

 

Debemos admirar en la naturaleza la obra de Dios y aprender a cuidarla, que es la mejor forma de cuidarnos nosotros mismos.

Hoy la liturgia nos habla de distintas maneras de la creación.

  • Isaías

Qué hermoso es observar la naturaleza:

Llueve y luego el agua se evapora. Parece tiempo perdido. Después vuelve a llover y a evaporarse. Pero qué maravilla:

“Como baja la lluvia y la nieve del cielo y no vuelven allá sino después de empapar la tierra, de fecundarla y hacerla germinar para que dé semilla… y pan…”.

Un viaje fecundo.

Es el profeta el que hace la aplicación:

La Palabra de Dios llega hasta nosotros y no vuelve vacía. La tierra siempre es dócil, pero la humanidad puede o no acoger la Palabra desde su libertad.

Sin embargo ahí queda una responsabilidad: si se acoge, la Palabra es fecunda. Si no, nuestra esterilidad nos hará responsables ante el Señor.

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